¿Cuál es el sentido del amor y cómo amar de verdad?
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Pocas palabras se usan tanto y se entienden tan poco como la palabra amor. Se pronuncia en canciones, se escribe en mensajes rápidos, se promete con facilidad… y, sin embargo, es una de las realidades que más confusión, dolor y frustración genera, porque es complicado enseñar a amar de verdad… ¡Eso es algo que la fe y la vida te enseñan!
Muchos llegan a preguntarse, con el corazón cansado:
“Padre, ¿para qué amar, si amar duele?”
“¿Cuál es el sentido del amor cuando no es correspondido?”
“¿Cómo se ama de verdad sin perderse a uno mismo?”
Estas preguntas no nacen de la teoría. Nacen de historias concretas, de relaciones heridas, de esfuerzos no valorados, de entregas que parecieron inútiles. Y quiero empezar diciendo algo con toda claridad: el amor auténtico no es ingenuo, no es débil y no es automático. Se aprende. Se madura. Y, muchas veces, se purifica a través del dolor.
Después de más de 20 años de ministerio sacerdotal, acompañando matrimonios, familias, jóvenes, personas heridas y corazones cansados, he llegado a una convicción profunda: el sentido del amor no es hacernos sentir bien todo el tiempo, sino hacernos más humanos, más libres y más capaces de entregarnos.
Este artículo quiere ayudarte a redescubrir el amor no como una emoción pasajera, sino como un camino que da sentido a la vida entera.
Cuando amar parecía no tener sentido
Teresa cuidó a su esposo enfermo durante más de una década. La enfermedad fue lenta, desgastante, injusta. Teresa renunció a muchas cosas: proyectos, viajes, incluso a una vida social activa. Lo hacía con fidelidad, pero también con cansancio.
Un día, ya muy agotada, me dijo con lágrimas contenidas:
“Padre, yo lo amo… pero a veces no entiendo para qué sirve amar así. Nadie lo ve. Nadie me lo agradece. Y yo estoy cansada.”
No había victimismo en sus palabras. Había honestidad. Y esa honestidad fue el inicio de una reflexión profunda sobre el sentido del amor.
Años después, cuando su esposo falleció, Teresa me dijo algo que nunca olvidé:
“Padre, amar no me quitó el dolor… pero me dio una dignidad que nadie me pudo quitar.”
Ahí comprendí, una vez más, que el amor no siempre cambia las circunstancias, pero siempre transforma a quien ama.
El gran malentendido: confundir amor con sentimiento
Uno de los errores más extendidos de nuestro tiempo es creer que amar es sentir. Y claro que el amor siente. Pero si se reduce solo a emoción, se vuelve frágil, inestable y, muchas veces, injusto.
Los sentimientos:
- Van y vienen
- Cambian con el cansancio
- Dependen del contexto
El amor verdadero, en cambio:
- Permanece
- Se decide
- Se construye
Teresa no siempre sentía amor. Había días de irritación, de agotamiento, incluso de silencio interior. Pero seguía amando, porque amar no era lo que sentía, sino lo que elegía ser cada día.
Aquí aparece una primera clave esencial:
el amor no es solo una emoción, es una decisión sostenida en el tiempo.
El sentido del amor: salir de uno mismo sin perderse
El amor auténtico siempre implica salida. Nadie ama de verdad quedándose encerrado en su propio interés. Pero —y esto es muy importante— salir de uno mismo no significa anularse.
El amor sano:
- No aplasta
- No manipula
- No se impone
- No se sacrifica destruyéndose
Teresa aprendió, con el tiempo, a pedir ayuda, a poner límites, a reconocer su cansancio. Amar no la convirtió en mártir silenciosa; la volvió más consciente de su propia humanidad.
El sentido del amor no es desaparecer por el otro, sino entregarse sin perder la dignidad.
Amar de verdad siempre tiene un costo
Esta es una verdad que muchos evitan, pero que libera cuando se acepta: amar cuesta. Cuesta tiempo, energía, paciencia, renuncias, incomprensión.
Pero cuidado: que algo cueste no significa que sea destructivo. Las cosas más valiosas de la vida cuestan.
Jesús lo expresó con una claridad radical:
“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.” (Juan 15, 13)
Dar la vida no siempre significa morir físicamente. Muchas veces significa gastar la vida, día a día, en lo pequeño, en lo que nadie aplaude.
Teresa no dio grandes discursos sobre el amor. Lo vivió en lo oculto. Y eso le dio un sentido profundo a su vida, incluso en medio del dolor.
Amar no es controlar, es liberar
Otro gran error es confundir amor con posesión. Creer que amar es tener al otro asegurado, moldearlo, controlarlo o depender totalmente de él.
El amor auténtico:
- Respeta la libertad
- Acepta límites
- No se apropia
Teresa amó a su esposo sin poder “arreglarlo”, sin poder curarlo, sin poder controlar el curso de la enfermedad. Y eso la llevó a una forma de amor más pura: amar sin garantías.
Cuando amamos de verdad, no aseguramos resultados, ofrecemos presencia.
El amor se prueba más en la fidelidad que en la intensidad
Nuestra cultura valora lo intenso, lo espectacular, lo visible. Pero el amor cristiano —y profundamente humano— se prueba más en la fidelidad cotidiana.
Amar es:
- Estar cuando no apetece
- Permanecer cuando sería más fácil irse
- Elegir al otro incluso en su fragilidad
San Pablo lo expresó con una profundidad que atraviesa los siglos:
“El amor es paciente, es servicial… todo lo soporta.” (1 Corintios 13, 4-7)
No habla de emoción. Habla de actitudes.
Teresa no vivió un amor de película. Vivió un amor real. Y eso le dio un peso y una verdad que ningún sentimiento pasajero puede ofrecer.
Amar de verdad implica aprender a perdonar
No hay amor verdadero sin perdón. No porque el otro siempre falle gravemente, sino porque somos humanos.
El perdón:
- No niega el daño
- No justifica todo
- No borra la memoria
Pero libera el corazón del rencor que lo endurece.
Teresa tuvo que perdonar muchas cosas: palabras dichas desde el dolor, silencios, incomprensiones. No lo hizo porque fuera fácil, sino porque no quería vivir amargada.
El amor que no perdona termina enfermando al que ama.
El amor no siempre es correspondido… y aun así tiene sentido
Esta es una de las preguntas más duras: “¿Vale la pena amar si no me aman igual?”
La respuesta no es simple, pero es honesta: sí, el amor tiene sentido incluso cuando no es correspondido, porque su valor no depende de la respuesta del otro, sino de lo que construye en ti.
Eso no significa aceptar relaciones abusivas o destructivas. Significa reconocer que amar nunca es tiempo perdido, aunque no produzca el resultado esperado.
Teresa no fue amada “perfectamente”. Pero amar la hizo más verdadera, más íntegra, más humana.
El amor revela quién eres
Al final, el amor no solo dice algo del otro; dice mucho de ti.
Cómo amas:
- Revela tu madurez
- Muestra tus heridas
- Saca a la luz tus miedos
- Fortalece tus virtudes
Amar de verdad no te quita identidad; la revela.
Por eso el amor duele a veces: porque nos confronta con nosotros mismos.
El amor cristiano: amar incluso cuando no hay recompensa
Aquí llegamos al corazón más profundo del mensaje cristiano. Jesús llevó el amor hasta un extremo desconcertante: amar sin esperar nada a cambio.
No porque el amor no merezca respuesta, sino porque no depende de ella para existir.
Jesús lo dijo con una claridad que incomoda:
“Amen como yo los he amado.” (Juan 13, 34)
Y Él amó:
- Sin condiciones
- Sin garantías
- Hasta el final
Ese amor no es ingenuo. Es libre.
Amar de verdad se aprende caminando
Nadie nace sabiendo amar. Todos aprendemos:
- Equivocándonos
- Corrigiendo
- Pidiendo perdón
- Volviendo a empezar
Teresa no fue perfecta. Dudó, se cansó, lloró. Pero no dejó de amar. Y eso dio sentido a su vida más allá de cualquier resultado visible.
El amor es el sentido porque nos saca del encierro
Si hoy te preguntas cuál es el sentido del amor y cómo amar de verdad, quiero responderte con la serenidad que dan los años y las historias acompañadas:
El amor tiene sentido porque te saca del encierro del yo.
Porque te hace más humano.
Porque te enseña a vivir para algo más grande que tú mismo.
Amar no garantiza felicidad inmediata. Garantiza verdad. Y una vida verdadera, aunque duela a veces, siempre vale la pena.
Ama con realismo. Ama con libertad. Ama con paciencia. Ama sin perderte. Ama aprendiendo.Porque al final de la vida, créeme, no se nos preguntará cuánto sentimos, sino cuánto amamos de verdad.








