cómo perdonar a alguien que te hizo daño, man in black and brown jacket and white pants standing beside brick wall

¿Cómo perdonar a alguien que nos ha hecho daño y todavía nos duele?

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Perdonar es una de esas palabras que pronunciamos con facilidad hasta que nos corresponde vivirla. En teoría todos estamos de acuerdo en que el perdón es necesario. El problema aparece cuando el daño tiene nombre, cuando recordamos exactamente lo que ocurrió y cuando la persona que nos hirió parece continuar su vida como si nada hubiera pasado.

«Padre, yo quisiera perdonar, pero cada vez que recuerdo lo que me hicieron vuelvo a sentir rabia». Esa confesión, expresada de distintas maneras, es mucho más común de lo que imaginamos. Y lo primero que quisiera decirle a quien se encuentra en esa situación es que el dolor no desaparece simplemente porque hayamos decidido perdonar. El corazón humano no funciona como un interruptor.

En ocasiones hacemos todavía más difícil el proceso cuando creemos que perdonar significa justificar lo ocurrido, recuperar inmediatamente la confianza o volver a relacionarnos con alguien que sigue haciéndonos daño. Ninguna de esas cosas es una condición necesaria del perdón cristiano.

Perdonar no significa fingir que nada sucedió

Cuando Jesús nos invita a perdonar, no está negando la gravedad del mal. Basta contemplar su pasión para comprenderlo. La injusticia, la traición y la violencia tienen consecuencias reales. El perdón cristiano no consiste en declarar que aquello que ocurrió carecía de importancia.

En Mateo 18,21-22, Pedro pregunta cuántas veces debe perdonar a su hermano. Jesús le responde de una manera que rompe cualquier contabilidad del resentimiento. El perdón no puede reducirse a una cantidad de oportunidades concedidas. Es una disposición del corazón que busca no quedar definitivamente prisionero del daño recibido.

Pero conviene aclarar algo: perdonar no obliga a mantener una relación peligrosa. Una persona que ha sufrido maltrato puede perdonar y, al mismo tiempo, establecer límites firmes, buscar protección y acudir a la justicia. La reconciliación requiere condiciones que no dependen únicamente de quien fue herido.

He acompañado situaciones en las que el perdón comenzó mucho antes de que existiera alguna posibilidad de reconciliación. Personas que necesitaban recuperar su tranquilidad, aunque el otro nunca reconociera lo que había hecho. No era un camino rápido ni sencillo, pero sí profundamente humano.

El perdón puede comenzar antes de que desaparezca el dolor

A veces esperamos sentirnos completamente tranquilos para perdonar. Quizá sea al revés: el perdón puede comenzar como una decisión interior mientras todavía estamos aprendiendo a vivir con lo ocurrido.

Eso no significa que debamos apresurarnos. Algunas heridas necesitan tiempo, acompañamiento y ayuda profesional. La fe puede sostener ese camino, pero no reemplaza los procesos emocionales que forman parte de nuestra recuperación.

Me gusta recordar que Jesús resucitado conserva las heridas de la crucifixión. No aparecen como una derrota, sino como parte de una historia que el mal no consiguió destruir. Es una imagen poderosa para quienes creen que sanar significa olvidar por completo.

Quizá hoy no puedas decir sinceramente que has perdonado. Puedes comenzar con una oración más modesta: «Señor, todavía me duele. Ayúdame a no convertir este dolor en el centro de mi vida».

También eso es caminar hacia la libertad.

Y cuando llegue el momento de volver a compartir espacios con otras personas, recuerda que no tienes que resolver todas tus relaciones heridas en una sola conversación. Hay reconciliaciones que necesitan tiempo y otras que, por prudencia, no pueden darse. Dios conoce la diferencia.

Una lectura para regalar esperanza: Nuestro libro ABC de la Navidad dedica un lugar especial a la reconciliación, la paz familiar y el valor de volver a encontrarnos. Está disponible en Amazon. Te invito a comprarlo y regalarlo a alguien que necesite recuperar la esperanza, siempre recordando que un libro puede acompañar una conversación, pero nunca sustituir una disculpa sincera.

Referencias

  • Evangelio según san Mateo 18,21-35.
  • Evangelio según san Juan 20,24-29.
  • Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2840-2845 (1992).
  • Francisco, Fratelli tutti, nn. 236-245 (2020).
  • Rodríguez Ortiz y Rodríguez Olaya, ABC de la Navidad (2026).

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