perdonarse a uno mismo, A man in distress sits on a bed indoors, covering his face with his hand.

¿Es posible perdonarse a uno mismo y empezar de nuevo?  

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Muchos creyentes la entienden con la cabeza… pero no logran bajarla al corazón. Y ahí nace una de las luchas más silenciosas y dolorosas de la vida espiritual: creer en el perdón de Dios, pero no lograr perdonarse a uno mismo.

Tras más de 20 años de ministerio sacerdotal, puedo decirlo con claridad pastoral: hay personas que viven reconciliadas con Dios, pero no consigo mismas. Han sido absueltas sacramentalmente, sí, pero siguen viviendo como si la sentencia no hubiera cambiado.

Este artículo quiere acompañarte justo ahí: en ese espacio interior donde la culpa sigue hablando, donde el pasado pesa, donde parece imposible empezar de nuevo… aunque Dios ya haya abierto ese camino.


“Padre, Dios me perdona… pero yo no”

Mauro cargaba con un error grave cometido en su juventud. Se había confesado muchas veces. Había pedido perdón. Había cambiado de vida. Pero algo seguía roto por dentro.

Un día me dijo con una sinceridad desarmante:

“Padre, yo sé que Dios me perdona… pero no puedo mirarme sin desprecio.”

Mauricio no dudaba del poder de la cruz. Dudaba de su derecho a una vida nueva. Vivía como quien ha sido liberado, pero sigue caminando con cadenas por costumbre.

Ahí entendí algo fundamental: el problema no era teológico, era existencial.


 Sí, es posible perdonarse… pero no desde uno mismo

Aquí está la primera clave: nadie se perdona a sí mismo solo con fuerza de voluntad.

Perdonarse no significa decir:

  • “No fue tan grave”
  • “Todo el mundo se equivoca”
  • “Ya pasó, no importa”

Eso no sana. Eso tapa.

El perdón verdadero no nace de minimizar el pecado, sino de aceptar una misericordia que te supera.

Mauro creía que tenía que “sentirse digno” para empezar de nuevo. Pero el Evangelio funciona al revés: empezamos de nuevo porque somos amados, no porque ya seamos dignos.


La cruz no fue un gesto simbólico, fue una decisión real

Decir “Cristo ya te ha perdonado en la cruz” no es una frase piadosa. Es una afirmación radical.

La cruz significa que:

  • Dios ya cargó con tu pecado
  • La deuda ya fue asumida
  • El pasado no tiene la última palabra

San Pablo lo dice con una fuerza que debería estremecernos:

“Ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.” (Romanos 8, 1)

No dice “menos culpa”. Dice no hay condenación.

Cuando seguimos castigándonos después del perdón, sin darnos cuenta estamos diciendo:
“La cruz no fue suficiente.”

Y eso, aunque suene duro, no es humildad; es desconfianza.


El sacramento de la reconciliación no es un trámite, es un nuevo comienzo

Muchos viven la confesión como una obligación repetitiva. Pero el sacramento de la reconciliación no existe para recordarte quién fuiste, sino para devolverte quién puedes ser.

Cada absolución sacramental es:

  • Un acto real de gracia
  • Una ruptura con el pasado
  • Un comienzo objetivo, aunque emocionalmente no lo sientas

Mauro se confesaba, pero salía del confesionario reanudando su autoacusación interior. Como si la absolución fuera válida para Dios, pero no para él.

Hasta que un día le dije algo muy simple:

“Mauro, cuando sales del confesionario y sigues condenándote, ¿a quién estás creyendo más: a Dios o a tu culpa?”

Ese silencio fue el inicio de su sanación.


Perdonarse no es olvidar, es dejar de castigarse

Este punto es esencial.

Perdonarse:

  • ❌ No es borrar la memoria
  • ❌ No es negar las consecuencias
  • ❌ No es justificar lo ocurrido

Perdonarse es dejar de vivir en modo castigo permanente.

Mauro aprendió algo muy concreto:
Recordar sin odiarse.
Aprender sin destruirse.
Mirar el pasado sin vivir en él.

Eso es madurez espiritual.


La culpa que ya no convierte, enferma

La culpa tiene una función sana: llevarnos al arrepentimiento y a la conversión. Pero cuando ya ha cumplido esa función y se queda instalada, se vuelve tóxica.

La culpa tóxica:

  • Paraliza
  • Apaga la esperanza
  • Te convence de que no mereces nada bueno

Dios no usa ese lenguaje. Dios corrige para sanar, no para humillar.

Mauro entendió que seguir castigándose no hacía más justo el pasado, solo hacía más triste el presente.


Empezar de nuevo no significa empezar perfecto

Muchos no se permiten recomenzar porque creen que ahora “tienen que hacerlo todo bien”. Pero el Evangelio no pide perfección inmediata; pide corazón disponible.

Empezar de nuevo es:

  • Caer menos… pero seguir levantándose
  • Aprender a pedir ayuda
  • Caminar con humildad
  • Vivir agradecido, no aterrorizado

Mauro no se volvió perfecto. Pero dejó de vivir definido por su peor error. Y eso cambió su manera de amar, de servir, de vivir.


Dios no te perdona para que vivas mirando atrás

Esta es una verdad liberadora: Dios no te perdona para que sigas viviendo en el pasado, sino para que camines hacia adelante.

Jesús nunca le dijo a nadie:

“Te perdono, pero no olvides lo que hiciste.”

Siempre dijo, explícita o implícitamente:

“Levántate. Sigue.”

El pasado puede enseñarte.
Pero no puede gobernarte.


Aceptar el perdón es un acto de fe

Muchas personas creen que aceptar el perdón es fácil. No lo es. A veces es más fácil cargar con la culpa que confiar en la misericordia.

Perdonarte a ti mismo es un acto de fe radical:

  • Fe en que Dios no miente
  • Fe en que su gracia es real
  • Fe en que tu vida todavía tiene sentido

Mauro un día me dijo algo muy sencillo:

“Padre, hoy elijo creerle a Dios más que a mi culpa.”

Eso fue libertad.


Sí, es posible… porque no empiezas solo

¿Es posible perdonarse a uno mismo y empezar de nuevo?

Sí.
No porque lo merezcas.
No porque ya no duela.
No porque el pasado desaparezca.

Sino porque Cristo ya cargó con todo eso.
Porque el sacramento de la reconciliación no es un recuerdo, es una gracia viva.
Porque Dios no te llama a sobrevivir castigándote, sino a vivir reconciliado.

Si hoy sientes que Dios ya te perdonó, pero tú no, quiero decirte algo con toda la autoridad que da la experiencia pastoral:

👉 No te quedes donde Dios ya no te dejó.
👉 No te condenes donde Él ya te absolvió.
👉 No sigas pagando una deuda que ya fue saldada en la cruz.

Empieza de nuevo.
Aunque tiemble el corazón.
Aunque cueste creerlo.
Aunque aún duela.

Porque empezar de nuevo no es traicionar tu historia, es permitir que Dios la redima.Y eso, créeme, es una de las formas más profundas de fe.

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